El ícono del rock canadiense, Bryan Adams, cerró con broche de oro su paso por territorio nacional al ofrecer un concierto electrizante en la Arena Monterrey como parte de su gira «Roll With The Punches».
Ante una audiencia entregada que abarrotó el recinto, el músico demostró que su energía y potencia vocal permanecen intactas, regalando a los regiomontanos una velada donde las guitarras distorsionadas y los coros masivos fueron los protagonistas absolutos de la noche.
Desde que las luces se apagaron y un inflable gigante en forma de automóvil sobrevoló al público, la adrenalina se apoderó del lugar. Adams irrumpió en el escenario con «Kick Ass», estableciendo de inmediato un ritmo frenético que no dio tregua durante las más de dos horas de espectáculo. Con una producción limpia y una banda impecable, el canadiense se mostró sumamente interactivo, saludando en español con un «¡Hola Monterrey!» y agradeciendo la presencia de sus seguidores que han sido fieles a su propuesta musical por décadas.
El repertorio fue una ráfaga de éxitos que han definido la historia del rock contemporáneo. Temas emblemáticos como «Summer of ’69», «Somebody» y «18 til I Die» provocaron una explosión de entusiasmo, mientras que baladas legendarias como «(Everything I Do) I Do It for You» y «Heaven» transformaron la Arena en un mar de luces. La habilidad del artista para transitar entre el rock más crudo y la sensibilidad romántica permitió que la dinámica del concierto fuera constante, manteniendo a los asistentes de pie en todo momento.
Un detalle que marcó la jornada fue la espontaneidad del intérprete, quien incluso atendió peticiones del público durante un bloque acústico, demostrando su sencillez y dominio total de la escena. La comunión entre el artista y la Sultana del Norte fue evidente, creando una atmósfera de fiesta donde la nostalgia de los ochenta y noventa se fusionó con la vitalidad de su nuevo material discográfico.
El brutal show de Bryan Adams en Monterrey fue un triunfo del rock auténtico. El cierre del evento, marcado por versiones acústicas donde su voz brilló en solitario, dejó una huella de gratitud y admiración en los miles de fans que despidieron al músico entre ovaciones prolongadas.
Con este concierto, Adams no solo se despidió de México de forma espectacular, sino que reafirmó que sigue siendo una de las figuras más sólidas y energéticas del panorama musical internacional.
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