Crítica | Tron: Ares, todo un espectáculo digital

Es un cine diseñado para ser experimentado en la sala oscura, donde el espectador puede sentirse verdaderamente absorbido por el aura tecnológica del universo Tron.

Crítica | Tron: Ares, todo un espectáculo digital

Lo que ‘Tron: Ares’ ha logrado no se ve en cualquier parte. Pocas franquicias pueden jactarse de mantener una base de seguidores tan fiel a pesar de los extensos lapsos entre entregas.

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Tras quince años de silencio, el universo de The Grid regresa con «Tron: Ares», prometiendo una nueva mirada al choque entre la humanidad y lo digital. Liderada por Jared Leto en el papel protagónico y con la icónica presencia de Jeff Bridges, esta película no solo busca revivir la saga, sino también inyectar un discurso de mayor relevancia en la era actual, dominada por la omnipresencia de la Inteligencia Artificial. Las expectativas, impulsadas por el legado visual de la franquicia, son inevitablemente altas.

La nueva narrativa nos presenta a Ares, un sofisticado programa de IA que es enviado en una peligrosa misión desde el mundo digital al mundo real. Este evento desencadena el primer encuentro tangible de la humanidad con un ser de esta naturaleza. La trama se expande para explorar temas complejos como la identidad, el poder y el control en un mundo donde las fronteras entre lo físico y lo virtual se desdibujan.

El elenco de apoyo, que incluye a Greta Lee como la figura empresarial que se aferra a la ética y a Evan Peters en un rol antagónico digital, promete una diversidad de perspectivas que, al menos en el papel, debería aportar múltiples capas de conflicto y madurez a esta épica cibernética.

Desde una perspectiva técnica, «Tron: Ares» es indiscutiblemente un banquete visual y sonoro. La dirección de Joachim Rønning se apoya en unos alucinantes efectos especiales, un diseño de producción impecable y una cinematografía que logra recrear la atmósfera neon y futurista de The Grid con una belleza pulida. A esto se suma la banda sonora, a cargo de Nine Inch Nails, que funciona como el corazón rítmico y potente de la cinta, haciendo que cada golpe y cada secuencia de acción retumben con una intensidad envolvente. Es un cine diseñado para ser experimentado en la sala oscura, donde el espectador puede sentirse verdaderamente absorbido por el aura tecnológica del universo Tron.

Sin embargo, en este despliegue de genialidad técnica radica también su principal falencia. La película parece estar tan fascinada con su propia estética y sus espectaculares efectos que, con frecuencia, sacrifica la profundidad narrativa y el desarrollo crucial de sus personajes. Hay momentos en los que el guion opta por la espectacularidad fácil, dejando el crecimiento emocional y la complejidad de los dilemas éticos fuera de cámara.

El discurso sobre la convivencia entre humanos y máquinas, aunque interesante, se siente superficialmente explorado, lo que resulta en una historia que, a pesar de su inmenso potencial, apenas consigue «rascar la superficie» de los profundos temas que plantea. Pero eso te lo dejamos a tu criterio.

Al final, «Tron: Ares» es una película de estilo sobre sustancia que se siente como una experiencia obligada para el fan de la saga y para cualquier amante de los efectos visuales de vanguardia. Corre a verla y dinos qué te pareció.

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La nueva narrativa nos presenta a Ares, un sofisticado programa de IA que es enviado en una peligrosa misión desde el mundo digital al mundo real. Este evento desencadena el primer encuentro tangible de la humanidad con un ser de esta naturaleza. La trama se expande para explorar temas complejos como la identidad, el poder y el control en un mundo donde las fronteras entre lo físico y lo virtual se desdibujan.

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Desde una perspectiva técnica, «Tron: Ares» es indiscutiblemente un banquete visual y sonoro. La dirección de Joachim Rønning se apoya en unos alucinantes efectos especiales, un diseño de producción impecable y una cinematografía que logra recrear la atmósfera neon y futurista de The Grid con una belleza pulida. A esto se suma la banda sonora, a cargo de Nine Inch Nails, que funciona como el corazón rítmico y potente de la cinta, haciendo que cada golpe y cada secuencia de acción retumben con una intensidad envolvente. Es un cine diseñado para ser experimentado en la sala oscura, donde el espectador puede sentirse verdaderamente absorbido por el aura tecnológica del universo Tron.

Sin embargo, en este despliegue de genialidad técnica radica también su principal falencia. La película parece estar tan fascinada con su propia estética y sus espectaculares efectos que, con frecuencia, sacrifica la profundidad narrativa y el desarrollo crucial de sus personajes. Hay momentos en los que el guion opta por la espectacularidad fácil, dejando el crecimiento emocional y la complejidad de los dilemas éticos fuera de cámara.

El discurso sobre la convivencia entre humanos y máquinas, aunque interesante, se siente superficialmente explorado, lo que resulta en una historia que, a pesar de su inmenso potencial, apenas consigue «rascar la superficie» de los profundos temas que plantea. Pero eso te lo dejamos a tu criterio.

Al final, «Tron: Ares» es una película de estilo sobre sustancia que se siente como una experiencia obligada para el fan de la saga y para cualquier amante de los efectos visuales de vanguardia. Corre a verla y dinos qué te pareció.

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