Ramón Ayala dice «adiós» en Monterrey con gran éxito

Desde el primer momento, la nostalgia y la emoción se hicieron presentes.

Ramón Ayala dice "adiós" en Monterrey con gran éxito

La noche del 12 de septiembre de 2025, la Arena Monterrey se vistió de gala para despedir a una de las leyendas vivas de la música norteña. Ramón Ayala, conocido como «El Rey del Acordeón», ofreció un concierto memorable como parte de su gira de despedida, «Historia de un Final», ante un público completamente entregado que llenó el recinto para rendir homenaje a su ídolo.

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Desde el primer momento, la nostalgia y la emoción se hicieron presentes. El concierto fue un viaje musical a través de la vasta discografía del artista, un recorrido por los himnos que han marcado a generaciones. Con su característico acordeón en mano, Ramón Ayala interpretó éxitos atemporales como «Tragos amargos», «Mi piquito de oro» y «La vecina», que fueron coreados a todo pulmón por la multitud.

Más allá del impecable repertorio, lo que hizo de esta noche algo verdaderamente especial fue la conexión del «Rey del Acordeón» con su gente. La banda, Los Bravos del Norte, acompañó a la leyenda con una energía contagiosa, creando una atmósfera festiva y emotiva a la vez. El público, compuesto por diversas generaciones, demostró que la música de Ramón Ayala trasciende el tiempo y las fronteras, uniendo a padres, hijos y abuelos en una misma voz.

El concierto no fue solo una presentación; fue una celebración de la vida y la carrera de un artista que ha dedicado su vida a la música. La gente bailó, cantó, y algunos incluso derramaron lágrimas al ser testigos del adiós de su ídolo. La producción del show fue a la altura de la leyenda, con un espectacular juego de luces y visuales que complementaron la emotividad de cada canción.

Al final de la noche, el público despidió a Ramón Ayala con una ovación de pie, un aplauso que resonó como un «gracias» por tantos años de música. Ramón Ayala, visiblemente conmovido, agradeció el cariño de su público, dejando en claro que, aunque sea el adiós de los escenarios, su música vivirá para siempre en el corazón de la gente. El «Rey del Acordeón» se fue de Monterrey dejando un legado imborrable y la certeza de que su música seguirá sonando por muchas generaciones más.

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La noche del 12 de septiembre de 2025, la Arena Monterrey se vistió de gala para despedir a una de las leyendas vivas de la música norteña. Ramón Ayala, conocido como «El Rey del Acordeón», ofreció un concierto memorable como parte de su gira de despedida, «Historia de un Final», ante un público completamente entregado que llenó el recinto para rendir homenaje a su ídolo.

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Desde el primer momento, la nostalgia y la emoción se hicieron presentes. El concierto fue un viaje musical a través de la vasta discografía del artista, un recorrido por los himnos que han marcado a generaciones. Con su característico acordeón en mano, Ramón Ayala interpretó éxitos atemporales como «Tragos amargos», «Mi piquito de oro» y «La vecina», que fueron coreados a todo pulmón por la multitud.

Más allá del impecable repertorio, lo que hizo de esta noche algo verdaderamente especial fue la conexión del «Rey del Acordeón» con su gente. La banda, Los Bravos del Norte, acompañó a la leyenda con una energía contagiosa, creando una atmósfera festiva y emotiva a la vez. El público, compuesto por diversas generaciones, demostró que la música de Ramón Ayala trasciende el tiempo y las fronteras, uniendo a padres, hijos y abuelos en una misma voz.

El concierto no fue solo una presentación; fue una celebración de la vida y la carrera de un artista que ha dedicado su vida a la música. La gente bailó, cantó, y algunos incluso derramaron lágrimas al ser testigos del adiós de su ídolo. La producción del show fue a la altura de la leyenda, con un espectacular juego de luces y visuales que complementaron la emotividad de cada canción.

Al final de la noche, el público despidió a Ramón Ayala con una ovación de pie, un aplauso que resonó como un «gracias» por tantos años de música. Ramón Ayala, visiblemente conmovido, agradeció el cariño de su público, dejando en claro que, aunque sea el adiós de los escenarios, su música vivirá para siempre en el corazón de la gente. El «Rey del Acordeón» se fue de Monterrey dejando un legado imborrable y la certeza de que su música seguirá sonando por muchas generaciones más.

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