El Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México vibró con la energía de uno de los raperos más influyentes de la actualidad, Kendrick Lamar.
En un concierto que sus seguidores mexicanos esperaron por años, el artista estadounidense ofreció un show explosivo que superó todas las expectativas y dejó en claro por qué es considerado un ícono de la música.
Los encargados de ponerle sabor al inicio de la noche fueron nada más y nada menos que Ca7riel y Paco Amoroso, quienes con un outfit bastante llamativo dieron un show de primera.
Desde el momento en que Lamar subió al escenario, la multitud estalló en un grito de euforia. Con una producción minimalista pero efectiva, el show se centró en lo esencial: el poderoso mensaje y la impecable ejecución de sus canciones. El rapero, con su carisma y su inconfundible flow, se adueñó del escenario y mantuvo al público hipnotizado de principio a fin.
El setlist fue un recorrido por la discografía de Lamar, un viaje a través de sus letras profundas y sus ritmos complejos. Temas de álbumes aclamados como «Good Kid, M.A.A.D City», «To Pimp a Butterfly» y «DAMN.» resonaron con una fuerza abrumadora. Canciones como «Money Trees», «Alright» y «Humble» provocaron un coro masivo, con los miles de asistentes coreando cada palabra con una pasión desbordante.
Más allá de la música, el concierto fue una experiencia artística completa. Los visuales, cuidadosamente diseñados, complementaron la narrativa de las canciones, creando una atmósfera inmersiva. La banda, compuesta por músicos de primer nivel, le dio un toque especial a cada interpretación, demostrando la versatilidad de Lamar para fusionar el rap con elementos del jazz, el funk y el soul.
El concierto de Kendrick fue la prueba fehaciente de que el rapero no solo es un intérprete, sino un narrador de historias y un poeta de la calle. Al final de la noche, el público despidió a Lamar con una ovación de pie, dejando en claro que su visita a México fue un momento histórico para la escena musical del país.
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