La película Demon Slayer: Infinity Castle nos sorprendió desde el inicio hasta el final.
A pesar de tener una duración de dos horas y media, en ningún momento se sintió pesada o lenta; al contrario, la historia fluyó con gran naturalidad gracias a la combinación equilibrada entre escenas de combate intensas y momentos más introspectivos. Nos pareció acertada la manera en que se desarrollaron tanto los personajes principales como los demonios, mostrando recuerdos, memorias y pasados que aportaron mayor profundidad emocional a la trama. Este balance entre acción y desarrollo narrativo le dio un ritmo constante y atrapante.
Otro punto que nos encantó fue la calidad técnica: la animación estuvo impecable, con detalles visuales que resaltaron en cada batalla, acompañados de un diseño sonoro envolvente. La música, con temas interpretados por Aimer y LiSA, aportó un toque nostálgico y al mismo tiempo épico, recordando su contribución en entregas anteriores del anime.
Debemos admitir que aunque teníamos expectativas bajas y pensábamos que no podría superar a Mugen Train, terminó siendo una grata sorpresa que incluso la colocaríamos a su nivel o más arriba.
En conclusión, es una película que recomendaríamos sin duda alguna a los fans que han seguido de cerca la historia, ya que logra combinar emoción, espectacularidad y sentimiento en una sola experiencia cinematográfica. La volveremos a ver el jueves en su estreno oficial, nos encantó.
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