Lila Downs en el Auditorio CitiBanamex, una noche llena de sorpresas

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Texto: Xóchitl Jasso

Acompañada de su banda La misteriosa, la cantante oaxaqueña lució fabulosa, colorida y conmovida.

Fue una noche multicolor y diversa. Afuera, al grito de: ¡Llévele, llévele la corona!, los vendedores ofrecían coronas de flores.

Las fans, vestidos con accesorios y prendas tradicionales mexicanas. Un colorido desfile de rebozos, faldas largas, bolsas tejidas. Familias completas, parejas de personas mayores, madres y padres con sus hijas; parejas, muchas parejas.

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Al entrar al estacionamiento, llamó mi atención un grupo de militares y algunos vehículos del ejército mexicano, lo que me incomodó un poco. Fue hasta más tarde que hice la relación de por qué estaban ahí.

Dentro, pocas personas, algo menos de 3 mil. En el escenario, al lado izquierdo, una enorme muñeca María mexicana de más de dos metros de altura. En la pantalla: Lila Downs.

Veinte minutos después de las nueve de la noche comenzó el show anunciando al primer invitado: la Banda de música de la IV región militar acompañando a La misteriosa (banda de Lila Downs). Y entonces, ovacionada por el público apareció Lila en lo alto del escenario para interpretar “Las marmotas”, canción de su reciente disco.

Lila lució fabulosa y conmovida durante toda su presentación. La cantante oaxaqueña, expresó la emoción que le causaba estar en la tierra de su amigo Celso Piña (fallecido recientemente y con quien en diversas ocasiones trabajó).

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<>, dijo. Y cantó “La campanera”, y el escenario se convirtió en un deleite visual, pues subieron a acompañarla los Bailarines de la Compañía Titular de Danza Folklórica de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Más tarde, con lágrimas en los ojos, Lila volvió a recordar a Celso, y le dedicó “Una cruz de madera”.

Pero las sorpresas no pararon ahí, para el intermedio la Banda de música de la IV región militar interpretó algunas cumbias.

La próxima sorpresa vendría cuando ésta dio paso al mismísimo Gabriel Dueñez y su Sonido Dueñez, ícono de movimiento sonidero y la cultura popular de la región, quien amenizó con su selección de viniles y puso a bailar hasta al más recatado de los asistentes.

Otro invitado que resaltó fue Daniel Piña, sobrino del Rebelde del acordeón (como llamaban a Celso), quien acompañó a Lila en “Cariñito” y “Zapata se queda”, canción en la que la cantante trabajó hace algunos años al lado de Celso Piña y Totó la Momposina.

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Así, durante casi dos hora, Lila Downs ofreció un magnífico y diverso show; un derroche de cumbia, baile, sorpresas y colores, en el que no pudieron faltar canciones que nos impidieron permanecer sentados como “La iguana”, “Son del chile frito”, “La san marqueña”, “Mezcalito” y “La cumbia del mole”. Y también estuvieron aquellas que nos arrancaron suspiros como “La martiniana”, “La barca”, “Tiembla y “La llorona” esta última, siempre una de las más coreadas y ovacionadas cada vez que la interpreta.

Pero, hubo una canción que particularmente recuerdo, porque me vi sorprendida al descubrir a la pareja de mi lado bailando. Era el señor de bastón y su acompañante que habían estado muy serios durante todo el show, los ahora se meneaban lentamente, abrazados, al ritmo de “Urge”, en lo que fue, para mí, el momento más enternecedor que hubiese visto en un show.

Lo que me hizo caer en cuenta de que las mejores sorpresas no sólo se tienen en un escenario. Y así, cada uno de los asistentes con sus historias vamos haciendo de un concierto una noche memorable, como la de anoche.

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